Les meves memòries

Taller de narrativa biográfica dirigido a las personas mayores

«Les meves memòries» es un proyecto que la Fundación BCNLIP ha llevado a cabo junto al Casal de Gent Gran Pati Llimona y con el apoyo del Departamento de Política Lingüística de la Generalitat de Catalunya.

Se trata de un proyecto de taller de narrativa biográfica dirigido a personas mayores, con el objetivo de recuperar, expresar y visibilizar sus historias de vida mediante la lengua catalana y un formato audiovisual como el vídeo, lo que nosotros llamamos cápsulas biográficas. El proyecto ofrece un espacio seguro y creativo para compartir recuerdos, fomentar el vínculo con la lengua y generar diálogo intercultural e intergeneracional.

Objetivos

  • Promover la expresión escrita y oral en catalán entre personas mayores.
  • Fomentar la integración social y la visibilidad de este colectivo, proyectando sus historias biográficas en el espacio público.
  • Valorar la riqueza cultural y experiencias migratorias, contribuyendo a una narrativa social más diversa e inclusiva.
  • Generar un espacio de desarrollo personal a través de la reflexión sobre la propia biografía, fortaleciendo su sentido de identidad y pertenencia.
  • Establecer vínculos intergeneracionales, compartiendo experiencias de vida con voluntarios implicados en la producción audiovisual.
  • Resaltar la perspectiva intercultural, visibilizando las diversas culturas que coexisten en la ciudad y fomentando el respeto y la convivencia.
  • Publicar y difundir las memorias, en formato digital y audiovisual, para hacerlas accesibles a toda la ciudadanía y reforzar el reconocimiento público.

Entrevistas

Las memorias

A continuación puedes leer los textos producidos por los participantes del taller «Les meves memòries» traducidos al castellano. Para la versión original en catalán, haz clic aquí. Esperamos que estas historias os emocionen tanto como a nosotros nos ha emocionado leerlas.

Tengo un mal recuerdo de vivir aquí, que lo es para mí y para mucha gente de aquí (sobre todo los jóvenes y jubilados que tenían hijos y nietos, y las mujeres, que soportan todas las dificultades): Cuando empezó la crisis económica en 2008 en toda España, especialmente en Cataluña.

Yo tenía mi propio negocio; mucha gente trabajaba, y yo era la encargada de pagar los sueldos, las prestaciones, el alquiler y las compras de bienes, y al final de mes tenía que pagar impuestos, mercancías, electricidad, teléfono, agua, etc…

Había miles como yo, y quizás muchos lo tenían peor que yo… Que soportaron este período, con mucha dificultad, estrés, y lo peor de todo: la situación de los jóvenes, el paro y el cierre de muchas empresas nacionales y extranjeras, además de mis propios problemas. Me preocupaba la gente, el paro juvenil y la depresión general.

Y hubo quien pudo soportar la pérdida de todas sus casas, sus trabajos, su capital y sus deudas con sus bancos. Otros muchos emigraron y pasaron muchas otras cosas…

Finalmente, quería agradecer a todas las madres y amigos que, como siempre, pudieron superar aquellos momentos difíciles con su apoyo y dedicación a sus familias.

Deseo a todas estas mujeres salud y felicidad.

Mina H. Najafi, 60 años

El olor que añoro

Recuerdo con nostalgia los días de mi infancia en la cocina de casa, el olor del caldo que hacía mi madre… Unto; Proviene de la grasa que recubre los intestinos y los riñones del cerdo. Se sala, enrolla ya menudo se fuma para curarlo. Es un ingrediente que no puede faltar en el caldo gallego.

”Caldo que no leva unto, no está no punto”

En el mercado de Santa Caterina tenía una parada de pequeños, “Menuts Conxita”. Pequeños de cordero y ternera. Cerebro de cordero, tripas, hígado de ternera…

Me lo pasé muy bien.

Sin embargo, no podía vender de unto, porque era producto de las tocineras. Por eso, cada vez que tomo caldo gallego, me transporta al pueblo.

Conchita Lorenzo, 84 años

Al poble tothom erem veïns, coneguts, i al arribar a Barcelona vaig trobar un veïnat que em va acollir con un més. Era una finca petita, amb una familia per replà.

El veïnat de la finca i el carrer tant estret em feia sentir com a un poble nou i petit, que feia companyia i em portava a caminar segur pel gran núvol de la ciutat, que tanta por fa al principi… Després ja m’agradava el bullici, i la empremta de la gent ufana i corrent, com si la vida s’els escapés. Em va impressionar molt com en un carrer tant petit hi cabia, no només tanta gent, sinó tanta vida (tavernes, comerços, drapaires, el fuster, l’òptica, el forn…).

Després d’anys al mateix carrer on es fan festes típiques com la Castanyada, Nadal, Sant Joan… Arriba el turisme amb força i porta més moviment i treball, però es perd el silenci nocturn i les botigues de sempre… En definitiva, es perd el veïnat.

Alfredo Bujanda, 79 años

Quan va acabar la Setmana Santa de 1963 vaig venir a viure a Barcelona. El tren “Expreso” venia de Madrid i encara que anavem a segona va trigar moltes hores i se’m va fer molt pesat, jo tenía 13 anys.

Aquella setmana va ploure molt. La setmana següent va fer un sol radiant i més calor. El dia 23, Sant Jordi, els carrers del centre de Barcelona estaven plens de paradetes de floristes venent roses i unes parades més grans venent llibres.

A la Rambla s’hi podia passejar i no hi havia tanta gent, ni turisme, últimament s’està massificant i no es pot passejar ni per les Rambles ni pel centre de la ciutat.
El gremi forner tambè fan coques i pastissos amb les barres de la senyera. És un dia de portes obertes a l’Ajuntament i la Generalitat.

Jo era petita, però des de llavors em vaig acostumar a comprar llibres.

María Pérez, 76 años

¡Hola! Soy la carota de en medio, las de mi lado son mis hermanas; ésta es nuestra fuente desde hace más de trescientos años, esta fuente de arquitectura de calle.
Por las décadas de los 50 y 60 la plaza tenía mucha vida, y yo, la carota del medio, hablaba con todo el mundo que se acercaba a buscar agua fresca en mi fuente.
«Hola, Sra. María, ¿cómo va todo? ¿viene del colmado?? y ¿ha hablado con el portero del palacio Moxó?» “Sí, hemos petado la charla, bueno, dicen que deben hablar con el cura de Sant Just, no sé por qué…” “Ahora recuerdo que la marquesa quiere que se haga una ceremonia”.
Eran frecuentes las procesiones funerarias o de celebración, donde la aristocracia se mezclaba con la gente del barrio, que hacía en mirón para verlos pasar.
Qué tiempo, ay María, recuerdo la hoguera de San Juan que iluminaba toda la plaza y mi fuente.
Pensando, me viene a la memoria la tiendecita del dorador, el sr. Antoni, que tenía papelitos de oro para hacer brillar las imágenes, los niños iban a pedir los papelitos gastados para ver si quedaba oro… Después venían a la fuente a lavarse las manos y si caía una pizca de oro, yo estaba muy contenta…

Vecinos de ahora, de aquí y de allá, venid a pasear por la plaza y yo os daré mi agua fresca que viene de Collserola!

Montserrat Canals, 77 años

La fiesta de Todos los Santos (que aquí se llama “la castañada”) es muy celebrada, la familia se reúne para festejar.

Los panellets se hacen con almendras muchas y azúcar y se les dan sabores distintos; son muy buenos, me recuerdan a los turrones, y cuando llegué a Barcelona, ​​aprendí a hacerlos. Me gustan todos, y especialmente los de piñones. Los panellets se acompañaban con moscatel, que es como nuestro vino dulce.
Además de panellets, por Todos los Santos se comen castañas; en Navarra también comemos, de castañas, pero hervidas con anís y en navidad.
Para mí la castañada sabe a navidad.

Felisa Ruiz, 77 años

Era una fiesta que se celebraba el 10 de julio, donde se adornaba la calle con banderitas.
Por la mañana pasaba la banda de música sobre las 8, después se ponían delante de la capilla tocando la música. Los coches pasaban y el cura les bendecía ya los conductores les daban una flor y un lavanda, se hacía una cola larguísima que no paraba en todo el día. Hacia mediodía pasaban los coches antiguos de toda Cataluña, era una fiesta muy bonita y tradicional, y el barrio estaba muy contento. Hoy en día se celebra en estas fechas el rally de Sitges, pero San Cristóbal pasa sin pena ni gloria.

María del Carmen Yelmo, 86 años

Mi calle Aviñón era de barro, estaba el lugar de los platos y de las ollas donde vendían cazuelas de barro para cocinar, además de muchas tiendas; un lugar donde limpiaban los metales, un rápido “El zapatero remendón”, un quiosco de periódicos que le llevaba una señora mayor, un grabador de marbas y en el número 44 también había una escuela (una varias en la misma calle).
Había una tienda donde lo tenían todo por la iluminación (lámparas, guirlandas, linternas) y seguidamente había una lechería, donde la leche salía directamente de las vacas, que las tenían en la trastienda, era caliente y muy buena, diferente a la de ahora.

Todo esto se ha perdido…

Toñi Valiente, 71 años